miércoles, 16 de noviembre de 2011

UNA TARDE CON HERGÉ, de Pablo Amargo

Resulta verdaderamente sencillo acercarse al personaje de Tintín. Los obstáculos brillan por su ausencia. En cada uno de los álbumes todo comienza, se desarrolla y finaliza con fluida naturalidad.
El dibujo es limpio y perfecto. También inconfundible, europeo, clásico, fácil de entender, difícil de imitar, no avasalla ni nos violenta, es moderno, riguroso, narrativo, nada de autocomplaciente, genera deseo y embellece nuestra mirada sobre el mundo.
Lo mismo ocurre con sus historias. En los 24 álbumes de Tintín se nos presenta una intriga de lo más variada que va desde traficantes de arte hasta luchas por el control del petróleo. Son muchas las referencias a la realidad en estas aventuras llenas de suspense que agitan nuestra curiosidad página a página y que suelen desembocar en un clímax dinámico, nunca decepcionante, siempre tranquilizador. Los personajes van apareciendo poco a poco a lo largo de los distintos libros. Son la creación de diferentes caracteres que reconocemos álbum tras álbum y por los que vamos sintiendo el afecto de las buenas compañías, de los amigos de viaje. Estos libros no tratan al lector con paternalismo, ni con suficiencia, carecen de sensiblería y de moralejas finales. Son entretenimiento puro.
Y ocurre sin embargo, después de todo esto, que nos quedamos con hambre de más. Como suele ocurrir con todo artefacto de precisión, el espectador tiene la sensación de que allí están sucediendo muchas cosas que se le han escapado en la primera lectura.
Y es entonces cuando uno decide ponerse manos a la obra, intentando descifrar el tejido invisible que esconden estos libros, que terminamos convitiéndonos, poco a poco, en "tintinólogos".
                                                     -Pablo Amargo-

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